8.3.12


Entraste al reino de las flores
te ofrecí campos puros
con aroma a tormenta.

Querías quedarte...
y sutilmente cerré la puerta.

Busqué tu nuca suave
y sembré mis besos
detallando el camino.

Tus dedos convertidos en perlas
caían por mi espalda
dibujando caricias
coloreadas de nácar.

Querías quedarte...
en esta habitación vacía.
Te sentía temblar
mientras el día
nos llenó de ruidos.

Hechizados,
el tiempo transcurrió
atravesando un laberinto
tejido de ecos.

Tus ecos,
mis sonidos,
que guardaron la presencia
y las huellas
que dejastes en mí.

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